Noche de la Universidad de Sonora

29 Festival Alfonso Ortiz Tirado 2013

Por Juan Arturo Brennan, colaboración especial

La noche del martes se dio una agradable sorpresa en el Palacio Municipal de Álamos: la asistencia del público aumentó con respecto a la noche del lunes, para un recital vocal que en el papel hubiera podido parecer menos atractivo. El programa propuesto se llevó a cabo bajo el título de Noche de la Universidad de Sonora y estuvo protagonizado por tres jóvenes sopranos de la carrera de Música de la Unison, una de ellas ya egresada, las otras dos estudiantes aún.

El hecho de que más melómanos hayan asistido a este recital que a la espléndida presentación de la mezzosoprano rusa Irina Nikolskaya quiere decir que la comunidad sonorense está atenta y pendiente de la preparación y el trabajo de sus jóvenes artistas, y esto es algo que hay que aplaudir, sin duda.

A diferencia de otros programas del festival que se perciben como un tanto dispersos en su conformación, el repertorio elegido para esta presentación de las tres sopranos fue bien calibrado para ofrecer ópera y canción de concierto en la primera parte, con presencia de zarzuela y otras músicas españolas en la segunda, con un  toque final de canción mexicana.

Para protagonizar esta Noche de la Universidad de Sonora se presentaron ante el público alamense las sopranos Valeria Quijada, Cesia Olivares y Nadia Lamadrid. Vale la pena  hacer notar que un recital vocal con tres voces de la misma tesitura no es muy usual, y por ello mismo la sesión tuvo un atractivo especial, además de la posibilidad de la comparación directa de elementos técnicos, estéticos y expresivos entre las tres jóvenes cantantes.

En la primera actuación de cada una, fue posible percibir una voz ligera y delgada en Valeria Quijada, y una emisión vocal muy cuidada, algo contenida y sin arriesgar;  Cesia Olivares a su vez mostró una voz con más cuerpo y una mayor proyección; Nadia Lamadrid ofreció un trabajo vocal con un color más redondo y mejor perfilado que sus colegas. De ahí en adelante, ya entrando en calor, cada una de ellas fue ofreciendo y proponiendo elementos distintos a lo largo de la noche.

En su interpretación de una mélodie de Gabriel Fauré, Valeria Quijada mostró más convicción y aplomo que en su primera intervención con un lied de Richard Strauss. Al cantar La muchacha de Cádiz, Cesia Olivares comenzó a plantear algunos elementos actorales que se fueron desarrollando, en las tres cantantes, conforme al programa avanzaba. Al retornar al escenario para cantar un trozo de El elíxir de amor de Gaetano Donizetti, Valeria Quijada mostró un cuidado especial en el uso del registro más grave de su voz.

Uno de los momentos importantes de esta Noche de la Universidad de Sonora fue la interpretación de Nadia Lamadrid a un fragmento de la ópera Los cuentos de Hoffmann de Jacques Offenbach, haciendo el papel de la muñeca mecánica Olympia con buenas pinceladas vocales y escénicas para retratar a este extraño personaje operístico. Podría decirse que, por el momento, en este punto de sus respectivas carreras, Nadia Lamadrid es la actriz más atrevida de las tres.

Para la segunda parte del programa, las tres sopranos de la Unison transitaron con corrección por el repertorio español y de zarzuela, destacando la delicadeza con la que Valeria Quijada cantó Del cabello más sutil, de Fernando Obradors. Hacia la parte final del programa, Cesia Olivares y Valeria Quijada abordaron un bello dueto de la ópera Don Gil de Alcalá, de Manuel Penella, en el que dieron evidencia de una incipiente musicalidad para el trabajo en equipo. Una agradable sorpresa en este número fue la colaboración sorpresiva, y muy bien realizada, de un pequeño coro de estudiantes de música de la Unison, desde el  balcón interno del Palacio Municipal, que añadió un rico toque de color a la actuación de las dos sopranos.

Para finalizar, el único trío de la noche, en el que Nadia Lamadrid, Valeria Quijada y  Cesia Olivares unieron con delicadeza sus voces para interpretar un grupo de tres canciones encadenadas de ese gran compositor mexicano que fue Mario Ruiz Armengol, en un arreglo especial para la ocasión de Héctor Acosta, el pianista que acompañó eficazmente a las sopranos durante todo el recital.

Enhorabuena, pues, por el hecho de que el Festival Cultural Alfonso Ortiz Tirado dedique suficiente espacio y tiempo a poner a las voces jóvenes en contacto con el público, y también por el hecho de que el público se acerque a esas voces con interés; no hay mejor experiencia para cantantes en ese punto de sus carreras que subirse a un escenario y enfrentarse a una audiencia especialmente sintonizada con la música vocal.

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