Irlanda Castro: Una promesa para la danza

Desde sus tres años dio señales de que la danza seria su pasión, hoy con más de 9 años dedicados a esta disciplina artística Irlanda  Castro convertida en una adolecente traza su trayectoria como una promesa en esta bella arte.

Próxima a ingresar a secundaria Irlanda pareciera vivir en su propio mundo, girando mientras se ve en los espejos, se sabe danzante pero no es una pose,  son años de disciplina, de retos  y de demostrarse a sí misma que su cuerpo sigue la melodía.

Su madre, de quien lleva el nombre, guiada por su instinto llevó a la pequeña  cuando apenas tenía 3 años de edad  a que probara una clase y aunque  la maestra en ese entonces le argumentó que solo aceptaba a niñas de cuatro años en adelante no tardo en descubrir que la niña traía madera para la danza y sin dudar la aceptó en su escuela en donde se inició.

“Desde chiquitita algo le vi, aunque  la verdad a mí también siempre me gusto serlo  (bailarina), la niña tenía el porte, fue esa sensación, instinto de mama, de que ella puede hacerlo, toda esa percepción y  le atine, fui con Abigail y le dije  y ella respaldo mi argumento me dijo que tenía mucha madera”

Y esa percepción que tuvieron de Irlanda no fue en vano, desde que se inició en clases de ballet  y otros géneros dancísticos  ha mostrado su interés por esta bella arte  tanto que ella misma asegura que le gustaría seguir a esta disciplina como profesión de vida.

Su constancia  y disciplina la han llevado a conseguir reconocimientos importantes como una beca que obtuvo el año pasado por la academia Hollywood Dance Experience  con la cual tuvo oportunidad de asistir a competencias y eventos organizados en varias partes de los Estados Unidos lo  que a su vez le permitió ganar el mejor reconocimiento como ejecutante  con un solo que presentó en el mes de abril en Chicago.

Estos logros han sido obtenidos  en gran parte  por el apoyo y la preparación que ha recibido en Destiny  Dance Academy  en donde Irlanda lleva más de 4 años como integrante del grupo de estudiantes que son respaldadas por  la directora Marisa Arellano  y maestras como Melissa Green así como en sus inicios Alejandra Maynez.

“La verdad es que las maestras le han dado muchos respaldo, todas, pero Marisa tiene algo que las jala, las hace crecer mucho” argumenta la mamá de Irlanda.

Gran parte de la fortaleza que muestra Irlanda como danzante es el apoyo de sus padres  Irlanda González y  Eduardo Castro quienes procuran cobijarla en sus proyectos, en sus viajes y competencias y que aun sabiendo que es una profesión dura, competida y que no garantiza de inmediato un soporte económico, están ahí para sostenerla.

“Irlanda tiene nuestro total apoyo,  claro que pensábamos que podría estudiar una ingeniería o medicina que es el sueño de su papá, pero la vemos inclinada  a la danza  y lo más importante es que hagan los que les apasiona “.

Además de prepararse como bailarina  Irlanda muestra señales de su gusto por la enseñanza, apenas a sus doce años, siempre busca la manera de compartir con sus compañeras de la academia lo que ha aprendido, como sucede en los festivales anuales que se realizan en donde ella  busca la oportunidad de ofrecerles tips y comentarles sobre  detalles que a ella le funcionan cuando están tras bambalinas antes o después de entrar al escenario.

Aunque parece una niña muy seria  Irlanda  convive como cualquier jovencita de su edad, tiene a sus amigas con las que comparte en sus tiempos,  inventa y  juega pero su familia le reconoce que  la danza también le ha forjado la base de la disciplina  que muestra también en su escuela y en el deporte como el básquetbol  en donde también participa.

Parte fundamental de su crecimiento  es también su hermano Jordan  con quien comparte  la visión de vida y sueños ,ahora él se prepara en la carrera de Ciencias Políticas y Administración  además de ser guitarrista  y un joven con un panorama muy claro  de la situación social y política por la que atraviesa el país.

Con un futuro prometedor y un camino lleno de sueños   Irlanda Castro González  avanza a paso  firme y sin prisas en su quehacer como adolecente que ingresa a secundaria  mientras va de la mano con su preparación como danzante, cumpliendo sus propios retos, obedeciendo a su pasión por el movimiento del cuerpo.

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