International Women’s Day 3/8

By: MoKa Hammeken

*Excerpts first published in 2012*

March 8th is a celebrated day that spreads across the world as an electric impulse, regardless of creed, language or culture: it’s International Women’s Day.

For women who walk upon the earth and are able to turn the world around with solely a desire, this day is a reminder of their strength and, at the same time, their fragile and ethereal being. Their figure and essence has always been enveloped in mystery, provoking, with their fanciful existence, curiosity and desire as well as in some cases fear. Women have been whimsical nymphs, muses, and fairies, mermaids with melodious voices, and at the same time witches and sorceresses when their strength and determination come out, which are all characteristics of women.

Women have always had an important role throughout history, present in decisive events whether for good or bad. Nevertheless, for quite some time they lived in the shadow of a world that was created as fully masculine, one that expected from their “other half” or partner, nothing other than the desired qualities of obedience, purity and submission (the more evident these virtues, along with a not to be disregarded dowry, the higher the value).

Even so, International Women’s day now awakens a bit of controversy, why is there a women’s day and not one for men?  Simply because it is not a celebration of gender per se, but rather of women’s struggles to obtain equal opportunities and to participate equally in society; a war against discrimination and of being underestimated.

Through time, women across the world have believed themselves to be equal and have sought to be treated similarly in different social environments. In Ancient Greece, for example, Aristophanes used the heroine Lysastrata in a play to demonstrate disagreement with the war. She began a sexual strike against men in order to put an end to the war. Years later, during the French Revolution, Parisians who sought “liberty, equality, and fraternity” marched on Versailles to demand women’s suffrage. Yet, it was not until the 19th century, during a time of radical ideas and industrialization, when the thought arose to have a day to celebrate women throughout the world as a friend and sister, without importance to language, country, or religion.

In 1909, according to a decree from the U.S. Socialist Party, the U.S. declared February 28th as the date to celebrate the First National Women’s Day. Nevertheless, the first call to do so on an international scale was in 1911 by Germany, Austria, Denmark, and Switzerland, and from there it has extended into various countries.  This came as a result of a meeting of the International Socialists in Copenhagen in 1910 who had decided to commemorate a day, on the global scale, as homage to movements toward women’s rights and in support of women’s suffrage across the globe.

Yet, this remained inconclusive as an exact date was not established for the celebration, which came a year later when it was set to be March 19th.

It was not until sometime between 1913 and 1914 that the date was moved to March 8th; many women from various European countries held meetings and protests around the same date, and against the First World War.  Furthermore, in 1917, Russian women went on strike demanding “bread” and “peace” in reaction to the death of soldiers, precisely on March 8th (four days later the Czar abdicated and the provisional government conceded women the vote).

So this agitated history of struggle, tenacity, and sisterhood had its ups and downs until 1977 when the General Assembly of the United Nations proclaimed March 8th as International Day of Women’s Rights and Peace.

Therefore, this is a date of acknowledgement and hope, as well as of pride and reflection, as this has been one of the longest, slowest, and most arduous battles; yet women have been able to change the world for the better, seeking – as it was said in France – liberty, equality, and fraternity, ideals with a vision as global citizens and not of select societies.

El día internacional de la mujer

Por Moka Hammeken

El 8 de marzo se celebra un día que recorre el mundo como un impulso eléctrico sin importar credo, lengua o cultura: el día internacional de la mujer.

Mujeres que caminan sobre esta tierra y que son capaces de voltear al mundo de cabeza con tan solo un deseo. Este día es un recordatorio de su fortaleza, y a la vez, de su delicado y etéreo ser.  Con su figura y esencia se han visto envueltas, desde siempre, en misterios, provocando, con su existencia caprichosa, curiosidad y deseo, incluso, en algunos casos miedo. Han sido efímeras  ninfas, musas y hadas,  acuáticas sirenas con melodiosa voz, al mismo tiempo que brujas y hechiceras cuando sacaban a relucir esa fortaleza y determinación tan característica de las féminas.

Siempre han jugado un papel importante en la historia, siendo su presencia en relatos decisivos, ya sea para bien o para mal. Sin embargo durante mucho tiempo vivió a la sombra de un mundo que se creía totalmente masculino, que esperaba de su “media naranja” o complemento familiar, no otra cosa que las deseadas cualidades de obediencia, pureza y sumisión (entre más evidentes fueran estas virtudes, junto con la nada despreciable dote, más se podían cotizar).

Aún así este día despierta  un poco de polémica “¿por qué hay un día de la mujer y no del hombre?” Simple, por que no es una celebración del genero per sé, si no a la lucha femenina por alcanzar la igualdad de oportunidades y participar en la sociedad de la misma manera. Una guerra en contra de la discriminación y el menosprecio.

A lo largo de los años las mujeres de todo el mundo se han sabido iguales y han buscado que se les trate como semejantes en los diferentes ámbitos sociales. En la antigua Grecia, por ejemplo, Aristófanes utilizó en una obra teatral a una heroína para mostrar su desacuerdo con la guerra: Lisístrata, que empezó una huelga sexual contra los hombres para poner fin a la guerra. Tiempo después, en la Revolución Francesa, las parisienses que pedían “libertad, igualdad y fraternidad”, marcharon hacia Versalles para exigir el sufragio femenino. Pero no fue si no hasta el siglo XIX, tiempo de ideas radicales e industrialización, cuando se empezó a pensar en tener un día que celebrase a la mujer de todo el mundo como amiga y hermana, no importando su lengua, país o religión.

En 1909 Estados unidos había declarado, de acuerdo a un decreto del Partido Socialista de los Estados Unidos de América, que el 28 de febrero se celebraría en todo su territorio el Primer día Nacional de la mujer. Sin embargo la primera convocatoria de celebración a nivel mundial fue en 1911en Alemania, Austria, Dinamarca y Suiza extendiéndose su conmemoración, desde entonces, a numerosos países .

Esto fue en consecuencia de una reunión de la Internacional Socialista en Copenhagen en 1910 que habían quedado de conmemorar un día de carácter internacional  como homenaje  a los movimientos en favor de los derechos de la mujer, y en apoyo del sufragio femenino a lo largo y ancho del globo terráqueo, pero esto quedó inconcluso, pues no se estableció una fecha exacta para tal celebración, siendo entonces el año siguiente establecido el 19 de marzo.

Fue hasta entre el 1913 y el 14 en que la conmemoración de este día se mudó al 8 de marzo, donde muchas mujeres de diversos países de Europa celebraron  mítines y protestas en torno a esta fecha, en contra de la Primera Guerra. También en 1917 las mujeres rusas se pusieron en huelga demandando “pan” y “paz” como reacción a los soldados muertos siendo este día un 8 de marzo (cuatro días después el Zar abdicó y el gobierno provisional concedió a las mujeres el voto).

Es así como esta agitada historia de lucha, tenacidad y hermandad nos lleva con altibajos hasta  1977 a la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) cuando se proclamó  el 8 de marzo como Día Internacional por los Derechos de la Mujer y la Paz Internacional.

Es entonces una fecha de reconocimiento y de esperanza, así como de orgullo y de reflexión, pues esta ha sido una de las batallas más largas, lentas y penosas;  pero que lograron cambiar el mundo para bien, buscando, como se decía en Francia: Libertad, fraternidad e Igualdad, ideales de una visión de ciudadanos del mundo y no de sociedades selectas.

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