Crónica: Un respiro. Las Caminatas de Kino

Todo se alineaba para que ese viaje pudiera ser, la onceava edición de Los Caminos de Kino, regresar al corazón de la Reserva del Pinacate.

La ruta seria pasar por Sonoyta , dejar ahí a las hijas y luego avanzar más de 30 kilómetros por la carretera de San Luis y adentrarse al desierto.

Cinco de la mañana, maletas semi listas, dos tiendas de acampar, conseguidas a  última hora, sleeping bag y un morral con lo más básico para la caminata, la maleta de las hijas  también con lo básico ( mínimo tres cambios por día y dos pares de sandalias por si rompen alguna).

Mientras por episodios armaba mi morral con ropa, ponía solo lo necesario, “Estos viajes si me gustan porque lo elemental es llevar lo indispensable para sobrevivir en medio del desierto, que importa cómo luces, todos andaremos empolvados” pensaba…

6:40 de la mañana, 18 de marzo, como me habían notificado Beatriz Salido pasaría por nosotras, luego nosotras pasaríamos por Manny Sánchez y Ashley  y después  de una parada técnica  con Nina y Socorro salíamos a las 7:30  rumbo a Sonoyta.

El camino trascurría sin contratiempos, pedir unas 7 veces a mis hijas que se relajaran o que no gritaran y responder cada vez que preguntaban si ya habíamos llegado a Sonoyta, es ir sin contratiempos. Llegamos a mi pueblo fronterizo deje a las niñas con sus tatas, ellas se despidieron felices porque anticipaban dos días de libertad en el patio de la casa de los abuelos, mucho pasto y un “brinca brinca” las esperaban.

Después de cantar mis letanías de como portarse y despedirme de las niñas, subí a la camioneta con un sentimiento insano de felicidad y libertad, lista para aventurarme a mi viaje “sola”.

Un decena de vehículos ya hacían caravana en la gasolinera Salcido, había familias completas, la mayoría conocidos, algunos compraron provisiones, otros aprovechaban la última entrada a un baño antes de partir a los caminos desérticos . Nina Mier aprovechaba para ir midiendo a la vez que pintaba con tinta para zapatos la leyenda de “Los Caminos de Kino 2017” en la parte trasera de los vehículos.

Nos enfilamos a la caravana, esquivando trailers que pasaban a toda velocidad por la carretera Sonoyta -San Luis hasta entrar a un camino de piedra que conduce a la antena y luego a la terracería, entre piedras grandes y lava , las espinas de los matorrales daban la bienvenida al desierto dejando sus huellas en la carrocería y ventanas , por algo recomendaban llevar solo vehículos grandes y todo terreno.

Pasadas las once de la mañana, los paseantes con los huesos reacomodados llegamos al primer punto, el borde del cráter Mc Dougal, había que caminar un poco y llegar ahí , al acercarse se apreciaban las expresiones del que lograba ver la inmensidad del gran orificio ,¡Guau!, ¡Orale!, eran solo algunas .

Horacio Ortega, subdirector de la Reserva, ya estaba listo para responder algunas preguntas que los paseantes hacían, también Mike Grageda explicaba a niños  como se originaban los cráteres ,aunque a los pocos segundos ya había versiones tergiversadas  y con datos más peliculescos que adultos compartían con sus hijos , ahí mismo.

El siguiente punto de parada fue el cráter el Trébol, un orificio que desde nuestra perspectiva aparentaba tres huecos por eso lo llamaron así, a mí me parecía más bien el rostro de un enmascarado, ¡El santo!, dije, no podía quedarme callada ante tal imagen ,aunque luego de ver el video que captó desde su dron Manny Sánchez nos dimos cuenta que solo eran dos hoyos , entonces  proponíamos  varios nombres cuando  avanzábamos de nuevo en la camioneta hasta el siguiente punto .

No sabíamos a donde llegábamos , se bajaron los tripulantes de los vehículos que venían enfrente y se acercaron con Horacio a una piedra , era una roca rojiza  que como todas parecía horneada por el sol, con un barniz opaco; los que se bajaban  buscaban un espacio alrededor y ahí estaba  rayada quizá  con una punta  o una llave  la leyenda “ Apollo 14 , NASA 2/16/70” , firma que habrían dejado astronautas cuando hicieron sus prácticas en este terreno antes de partir a la luna , según  cuenta la historia.

Era el momento de las selfies, “Yo con la piedra de los astronautas que fueron a la luna” aunque ya un turista vándalo le habría agregado más rayas a la piedra para completar la palabra NAPOLLO y MASA .

Ya un poco saciados por la oportunidad de visitar los primeros cráteres, llegamos a las 12 del mediodía al área del campamento. Uno a uno se fueron estacionando los carros, era el momento de buscar alguna superficie, la más plana posible para instalar la tienda de campaña.

Yo buscaba con Ruth , una niña de 8 años, hija de Nina y Socorro el lugar idóneo , bajamos a un rio , pero estaba muy lejana al área donde estaba la mayoría. Vimos un lugar interesante y mientras fuimos por la casita de acampar ya lo habían ganado, hasta que por fin alguien nos dijo, aquí en frente de esta construcción está bien. Salomón, hermano de Ruth, nos ayudó a levantar la tiendita y ahora tendríamos la tarde libre para hacer lo que quisiéramos. Así que me senté en una silla y me dispuse a oír conversaciones y participar de vez en cuando, no había celular funcionando así que no había tampoco ni Facebook, ni mensajes de WhatsApp, éramos libres por unas horas, habría que convivir de verdad , como antes …

Afuera de las tiendas de campaña había grupos de adultos sentados, esperando el tiempo, disfrutando la libertad, aunque quizá el veinte les cayera después, otros ya habían abierto una lata de cerveza, los niños correteaban en las piedras y en la orilla de unas tinajas. Yo por mi parte intenté irme a recostar un rato a la tienda, el Soco me escuchó y me dijo que ni se me ocurriera, que me iba a cocer y efectivamente así fue, a los cuarenta segundos de estar bajo las telas rojas empecé a ver como salía vapor de mi piel y salí disparada a tomar aire…

Cerca delas 7:00 de la tarde se llegó la hora de las charlas, la cuales se llevarían a capela porque con tantas vueltas se habían olvidado de subir la bocina. Roque Celaya, uno de los principales organizadores y quien ha estado presente en todas las caminatas, sacó su ronca, modulada y fuerte voz para pedir a Horacio Ortega que ofreciera unas palabras a los asistentes  que esperaban las ponencias , en sus sillas a cielo abierto. Luego presentó al Padre Claudio Murrieta, el sacerdote que actualmente reside en Cananea y que aprovechó su potente voz para hacerse escuchar hasta por el más lejano asistente. El conocedor y promotor de la historia del padre Jesuita expusó en su intervención  la forma de evangelizar  del misionero y su perspectiva de los nativos de la región, los Pimas , “Son hombres grandes la mayoría , con frente pequeña,  y amables” decía en algún momento el padre , recordando los escritos del Jesuita.

Después del padre Claudio, intervinieron las tres restauradoras que actualmente trabajan en el proyecto del templo en Pitiquito; ahí explicaron parte de la historia de esta iglesia fundada en las misiones del padre Kino y que data de finales de los mil seiscientos.

La charla, por más que interesante no pudo mantenerme sentada; recién había cenado una gran torta y ya la desvelada de la noche anterior hacia sus estragos. Pensé , más pena me da estar cabeceando , mejor me recuesto unos minutos por respeto a los ahí presentes y escuchando la charla hasta el fade out , dormite profundamente …

Muchos minutos después desperté y a lo lejos se dejaban oír los rasgueos de una guitarra y se alcanzaba ver una fogata, era el momento de decidir si retomaba el sueño o me levantaba para acercarme a la bohemia y me decidí por la segunda opción.

La bohemia trascurrió como todas las bohemias con guitarra, canciones, coros, traguitos, leña, más leña   y camaradería, esperaba que alguien cantara o tocara la guitarra peor yo para animarme, pero como no pasaba, pedí el instrumento y des – entoné la de “Zombie”  de Cranberries.  No podía terminar el día sin hacer el ridículo y fue al sonar el destapar de una tercera cerveza cuando supe que era el momento de huir para dormir y amanecer fresca para la caminata del día siguiente.

Abrí los ojos y dije para mí, esperaré el olor a café para levantarme directamente por un vasito, pero como no pasaba, me levante y así iniciaba el preámbulo para la caminata. Todos se acercaban por su desayuno,  huevos con chorizo , frijoles y tortillas para todos , y el esperado café quedo después de varios intentos de resolver la circunstancia entre el Soco y Víctor Alemán  por que la cafetera no había funcionado.

¿Ocupas ayuda Soco? ¿Ocupas ayuda Nina? eran las preguntas frecuentes del primer día, cuando veíamos que no paraban de cocinar y acondicionar el lugar para los eventos. Nina decía, es que Soco es signo cáncer.  ¿Qué tipo de signo quieres que te ayude?  Preguntaba Beatriz Salido-  intervine – yo soy piscis no sirvo para nada, pero cuando termines puedo hacerte un poema, rematé.

9:30  de la mañana, visita sola a  las tinajas , por allá huele feo advirtió  Mike Grageda, hay una vaca muerta , entonces tome algunas fotos y regrese para la  salida  a la caminata. Más o menos la mitad de las personas asistentes , mis compañeros de vehículo, no irían así que tenía unos minutos para asegurar raite; las restauradoras con las que había entablado charla la noche anterior no iban, entonces me acerque a Eleazar y Ángeles a quienes apenas conocía y me aceptaron en su equipo de recorrido.

Era una distancia corta, unos 2 kilómetros, así que solo tuve tiempo de preguntar lo necesario a mis raiteros.  Luego a seguir caminando por un terreno fácil hasta que alcanzamos una pendiente corta para llegar al borde, y ahí estaba el majestuoso cráter “El Grande”, una circunferencia casi perfecta, es más o menos la profundidad del Elegante pero como es más pequeño se ve más profundo,  explicaba  Horacio Ortega.

Había muchos niños, emocionados inquietos, yo me preguntaba, ¿Que harían mis hijas si estuvieran aquí conmigo?  Me imaginaba a Sofía en el borde del cráter y a Raquel aventando piedras en otro lado y luego me agradecía a mí misma de no haberlas llevado, uno tiene que velar por la integridad de los suyos.

Después de tener el privilegio de apreciar a un borrego cimarrón, que volteaba a vernos y berreaba como acusándonos, me alejé del grupo en busca de un momento de soledad , y fue  casi al lograr  un estado de  nirvana  cuando de golpe al alcanzar la señal  empezaron a llegar las notificaciones de Facebook, WhatsApp, regresándome de vuelta. Entonces aproveché para llamar a casa de mis papas para saludar a las niñas.

Me integré de nuevo al grupo, algunos ya habían bajado, seguían conversando sobre murciélagos, sus formas de alimentarse y sus sonidos. Yo seguía fascinada con lo que veía y escuchaba hasta que volteé a ver y allá a lo lejos estaba la camioneta Cherokee en la que me habían dado aventón, ¡En la torre , yo venía con ellos , espero que no me estén esperando!   Dije y bajé hacia los carros, y fui recibida sin reclamos. -Creíamos que ya te habías ido, replicaron a mis disculpas, y ya dejé de sentir que el mundo giraba a mí alrededor.

De regreso al campamento ya con el sol brillante de techo, preparaban las hamburguesas. Nina, frente a un disco con aceite que freía papas, lucia cansada; un movimiento le provocó una quemadura en su mano, era momento de retirarse un ratito al vehículo para descansar. – ¡Esto es ser funcionario en serio, funcionar, resolver a como se pueda!  – si hare un meme pensé.

Me acercaba al área de cocina, estoy aquí nomas porque si eh, no crean que las estoy presionando- les comentaba a Beatriz y Fabiola, quienes habían entrado al quite para seguir con las hamburguesas mientras el Soco freía las papas. ¿puedo ayudar en algo?  les pregunté, -si ve y checa quien falta de hamburguesas, respondió el cocinero en turno.

Llegó la hora de comer. Yo era de las últimas, también faltaban los de la Reserva; buscaba una coca cola con hielo, aunque creí que era imposible pregunte en voz alta si había hielos, me pidieron que fuera discreta que por ahí había una bolsa con cubos y que podía tomar unos, y se hizo mi coca helada.

Alguien se lesionó, Manny en las tinajas dio un mal paso y se lastimó su tobillo. Algo se quebró, la silla de Mike mientras comía. Alguien se quemó, Nina, su mano mientras cocinaba.  De ahí en fuera la edición número 11 de Los Caminos de Kino trascurría sin contratiempos, desafiando el mal agüero que podía significar en la superstición , una carta de La Calavera de la lotería que nos encontrábamos cuando tendíamos las casas de acampar.

El regreso fue menos pesado; ahora les tocaba esquivar las ramas de los mezquites a los del otro lado del carro. Camino de lava, terracería, carretera a Sonoyta, recoger a las niñas , carretera a Puerto Peñasco y de regreso a las señales y redes sociales después de un gran respiro en el Gran Desierto del Pinacate recordando las Caminatas de Kino.

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