Cachora – Una cerveza artesanal hecha 100 % en Puerto Peñasco

Sonaba de fondo un playlist de rock en español en El Tapeo. Eran las seis de la tarde y, como mi entrevistado aún no se desocupaba de instalar unos abanicos de techo para los músicos, me ofrecieron una cerveza artesanal de la casa para probarla y así entrar en terreno mientras esperaba a Martin Quintero, quien me contaría sobre su proyecto hecho realidad.

Una atmósfera generada por paredes de madera, ornamentos de botellas de vino recicladas, letreros alusivos a la felicidad y el vino, y la luz de día amenizaron el primer trago de cerveza; una Cachora IPA  (India Pale Ale). Cerré los ojos por unos segundos. Encontraba los sabores entre amargos y dulces. De pronto me olvidé que iba a una entrevista precisamente para conocer más sobre el proceso del líquido que estaba ingiriendo.

-¿Cómo ves? La hago de electricista, plomero y bartender- dijo Martin al sentarse en la mesa de entrada al Tapeo – ¿Qué te pareció la cerveza? – preguntó.

-Está muy rica-  le respondí. – A ver cuéntame como es que se llegó a esto.

-En Ensenada empecé con las Cucapá y luego probé otras, y así es que se nos ocurrió traer algo así para acá, hacer nosotros una. Para eso teníamos que probar de muchas, y dos meseros me ayudaban a probar y definir los gustos; Kelvin y Bryan también estuvieron en el proceso de la cerveza- contaba Martin mientras veía el envase de una de sus cervezas que llevan en la etiqueta una Cachora diseñada por Memuco y nombre que eligió para su producto porque es un animal que le gusta (el entrevistado lleva algunos tatuajes de ese reptil).

Al inicio, según detalló el productor, empezaron cocinando la cerveza en ollas menuderas de 20 litros  y se le adaptaron las mangueras para pasar los líquidos. Consiguieron los ingredientes en Hermosillo; el lúpulo y  la malta, y se animaron a fabricar su primeros litros. Una “chambota” porque hay que cocinar , fermentar, macerar, y eso lleva mucho tiempo y paciencia, sobre todo porque es un proceso muy higiénico .

A la vez que contaba el proceso de la elaboración de su cerveza, Martin sacó su teléfono para mostrar algunas imágenes que guardaron de su primera fabricación , donde se dejaron ver los detalles y la limpieza con la que se realizó. La primera producción la hicieron como experimento; fabricaron una de tipo blond y una ámbar, además de buscar un toque especial agregando clavo a una de las cervezas que repartieron entre ellos para degustarla, y les quedo muy bien.

Ya después se hicieron de unos barriles mas grandes y les adaptaron unas tapaderas junto con una estructura de herrería. Entonces fue esa su primera producción, la que darían a conocer, y que en total fue algo cercano a los 40 litros.

Recargué mi barbilla sobre la palma de mi mano, uno de los efectos del relajamiento del líquido ambarino, y mantuve mi atención en Martin mientras ofrecía los detalles del sencillo evento que se realizó el pasado 25 de abril para presentar su primer producción de cerveza,  además de platillos elaborados como maridaje  por alumnos de la UTPP especialmente para esa noche, a la que invitaron a unos cuantos amigos que sabían disfrutaban de cerveza artesanal. Ahí mismo los degustadores invitados ofrecieron sus comentarios sobre los sabores que percibían y que fueron bien recibidos, porque en general, fueron de aceptación.

Entre más avanzaba la entrevista, los ánimos de la entrevistadora se relajaban. Ya con los pies cruzados en la silla, con las preguntas más sueltas y con lo que quedaba de fondo en la cerveza, solo asentía a la conversación. Definitivamente los 6.9 grados de alcohol de esa cerveza habían surtido efecto en solo unos minutos. “¡Ah! Pero que entrevista tan amena ¡¡¡Ojalá así fueran todas!!!” pensé en mis adentros.

Y ya, el punto culminante de la información, la recibí yo con los pies cruzados sobre sobre la silla y recargada totalmente sobre el respaldo: el dato que me despertó es que todo el proceso de fabricación de una cerveza artesanal se lleva un mes ¡¡Sí !! ¡Un mes! Por eso “artesanal”, porque hay que esperar y seguir varios procesos y al final producir poco, pero sustancioso.

Me descubrí anotando con letra más ilegible que de costumbre cuando le digo al productor de la primer cerveza artesanal en Puerto Peñasco “Creo que si me da más información me haré bolas. Con esto podemos empezar”.

Pero antes de terminar, le pregunté sobre ¿qué es lo que sigue en cuanto a la producción? A lo que Martin respondió relajadamente que esperarían unos meses más, cuando hiciera menos calor, porque además hay que manejar temperaturas exactas y sobre todo buscar la marca de la casa; un sabor autentico que los identifique y se darán el tiempo justo para eso.

Y así terminó la charla con Martin Quintero. Y así termino también mi cerveza artesanal La Cachora, la cual, por supuesto, recomiendo ampliamente, más si son gustosos de sabores fuertes, amargos y dulces.

Sin embargo, por lo pronto, esperemos la próxima producción de la cerveza fabricada con paciencia en alguna cocina de Puerto Peñasco, para atender a  paladares exigentes y gustosos del sabor artesanal.

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