Alexander Sevastian, un acordeonista de primera

Segundo día de actividades del Festival Alfonso Ortiz Tirado 2013

Por Juan Arturo Brennan

En el entendido de que el doctor Alfonso Ortiz Tirado fue cantante, se comprende que el festival cultural que lleva su nombre en la ciudad sonorense de Álamos esté dedicado fundamentalmente a diversas manifestaciones de música vocal, en particular las que tienen que ver con la ópera y géneros afines. Sin embargo, es preciso recordar que cada año el Festival ofrece al público alamense y a los visitantes, numerosas manifestaciones musicales de otras áreas.

En este sentido, una de las series más exitosas a lo largo de los años ha sido la de los conciertos de mediodía (a las 14:00 horas) que se ofrecen tradicionalmente en el Templo de la Purísima Concepción, y que por lo general están dedicados a la música instrumental.

En el segundo día de actividades del Festival Alfonso Ortiz Tirado 2013, en ausencia de una gala nocturna de música vocal en el Palacio Municipal, la oferta musical más llamativa del día fue el recital de acordeón ofrecido por Alexander Sevastian, bielorruso de origen y avecindado en Canadá desde el 2001.

Sevastian inició su recital con una sorprendente ejecución de la Toccata y fuga BWV 565 de Juan Sebastián Bach, muy bien articulada, muy clara en el manejo de las voces y el contrapunto, y de una ejemplar claridad sonora. Después, un poco más de música barroca, de cierto modo más difícil que la portentosa obra de Bach.

¿Por qué más difícil? Porque el órgano (instrumento original de la Toccata y fuga) y el acordeón tienen muchas semejanzas en cuanto a su modo de producción sonora, mientras que el acordeón y el clavecín están mucho más distantes. Es el clavecín el instrumento original de las tres sonatas de Domenico Scarlatti interpretadas después por Alexander Sevastian, quien logró dar al fluido acordeón un buen acercamiento al sonido más seco y más percusivo del clavecín, dando muestra de una gran sensibilidad. Por cierto, dos de las tres sonatas ejecutadas por Sevastian son conocidas en otra formidable transcripción, la realizada para sintetizador electrónico por Wendy Carlos en ese legendario álbum que es El Sintetizador Bien Temperado.

En seguida, música original para acordeón, en la Suite de cámara del ruso Alexander Zolotaryov, quien escribió numerosas piezas para el instrumento. Se trata de música concebida en un lenguaje neo-romántico con algunos interesantes toques de modernidad.

Luego vino la obra más interesante del programa, De Profundis, también original para acordeón, de la compositora rusa Sofía Gubaidulina. Al interior de un discurso sonoro totalmente contemporáneo, Gubaidulina rescata aquí algunos gestos más tradicionales del acordeón, y a la vez propone un uso sorprendente de algunos efectos inesperados. Por ejemplo, usar el acordeón como lo que es básicamente, un fuelle que produce sonidos de aire pero sin notas específicas. Una gran obra original para acordeón, en una gran interpretación.

Para seguir con la música rusa, Alexander Sevastian dio otra muestra de su amplia variedad de estilos al abordar una atractiva Barcarola de Sergei Rajmaninov, en la que destacó el sólido trabajo de mano izquierda para generar el acompañamiento ondulante típico de este género. Finalmente, una transcripción muy extrovertida de la Invitación a la danza de Carl María von Weber, cuyo vals fue interpretado por Sevastian a una velocidad endemoniada (pero sin perder la claridad de líneas melódicas) que lo convirtió en un vals para ser escuchado con atención, pero no bailado.

Fuera de programa, el acordeonista originario de Minsk regaló al público una galopante polka, una extrovertida versión de la Danza del sable de Aram Khachaturian, y un poco de aires de tango, para recordar al público los muchos puntos de contacto que hay entre el acordeón y el bandoneón arrabalero.

En suma, hay que decir que Alexander Sevastian es un acordeonista de primera, que además de todos los recursos técnicos indispensables, posee una sensible musicalidad que lo pone en un nivel superior al del mero virtuoso con muchos dedos pero con poca alma. Esta cualidad suya fue especialmente apreciable en las obras de Bach, Scarlatti y Gubaidulina. Un éxito rotundo, y muy merecido, el de este recital de acordeón a cargo de Alexander Sevastian.

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