Alcanzando un momento con “Run Coyote Run”

Fotos: Mariano Enquin

Después de posponer y reagendar la entrevista unas tres veces, entré por fin al lobby del Hotel Peñasco del Sol. En la barra estaría la persona a quien entrevistaría esperando. Volteé a varios lados y supuse que el señor de negro, sentado a la izquierda, que también giraba en dirección a la entrada, era el indicado.

-¿Mariano?- estiré la mano para saludar y él reaccionó- Sí, también estaba buscando identificarte. Lo siento, venía a tiempo pero atrás de unos springbreakers que no me dejaban avanzar mucho, por eso mensajeé.

-No te preocupes acabo de bajar- comentó.

Y así inició una charla; un trago con algo de coca cola para el productor, yo con una bebida caliente, y aunque me imaginaba más con un tequila, me ofrecieron café y eso fue lo que pedí: un café.

En el bar del lobby había un grupo de springbreakers (que más bien parecían baby boomers) y que aplaudían de vez en cuando a la chica que cantaba canciones en inglés en el karaoke, con tal volumen, que no permitían escuchar nada.

Mariano Enquin, productor argentino, me mostraba unas fotos en su celular que recién había tomado; un pick-up volando, un par de astronautas fuera de un cráter, y una chica vestida de  novia entre las dunas. Con eso me daba una idea de lo que se había logrado rodar en la estancia del crew de Run Coyote Run en Puerto Peñasco, lo que será su segunda temporada.

El representante de Fox (cadena productora de la serie), dijo ser un observador del proceso de rodaje, que en Puerto Peñasco duró cerca de dos semanas, con un staff conformado de unas setenta personas entre actores, equipo creativo, maquillistas y equipo técnico, además de decenas de extras que fueron contratados por unos días, involucrando a personas de la comunidad.

Previo a esta charla, había seguido por mensajes la agenda de rodajes; un día estuvieron en el Centro de Visitantes Schuk Toak, (que tenía la intención de ir, pero ya no alcancé a llegar), otros días en la carretera que conduce al aeropuerto Mar de Cortés, y otras jornadas que fueron cerca del Cerro Colorado, donde se grabó justamente a los dos hombres astronautas.

También antes de la esperada reunión con Mariano, tuve la oportunidad de desayunar con Horacio Castelo, actor sonorense que forma parte del casting de esta segunda temporada con un personaje de los malos, de esos que inyectan aceite en las pompis y luego salen huyendo por el desierto.

-Conozco a Horacio- le comenté a Mariano- es un tipazo.

-Sí- dijo Mariano- también tuvimos oportunidad de estar cercanos y es una súper persona, me encanta su trabajo.

Seguía tomando mi café (a estas alturas ya frío) cuando el productor argentino alcanzó a ver que sacaban de la alberca a un chico

-¡Mira! los guardias llevan ahí a un chico. Yo creo que va borracho ¡Ah! y también va uno de los nuestros con ellos-

Y sí, efectivamente era uno de los muchachos que son subcontratados para formar parte del equipo y, aprovechando que ya era el último día en Peñasco, habían decidido pasar la tarde en la alberca relajadamente, aunque ello significara hacer caso omiso a las exigencias de pagar la cuenta.

-No puedo entender cómo es que deja de funcionar la parte de los trámites y reglas con el alcohol. Se olvidan de algo tan sencillo como pagar la cuenta- expresó Mariano con un dejo de preocupación, aún cuando no era su asunto directamente.

Para mi buena suerte y ya a punto de terminar la pequeña charla, vi entrar en el área del lobby a los dos personajes principales de la serie, los actores Harold Torres (Guma) y Eivaut Rischen  (Morris) quienes dan vida a un par de “coyotes” (mejor conocidos por acá como “polleros”) y que atraviesan una serie de eventos y sorpresas en sus intentos de cruzar a gente a los Estados Unidos por el desierto.

-Pídales una foto por favor- le dije al productor- yo se las tomo.

Entonces se abrazaron para la foto, al tiempo que me los presentaba.

-Te vi en el Tapeo- le dije a Harold- hace como dos semanas.

-¿Cómo a qué horas?- preguntó

-Como a la diez de la noche.

-¡Ah! Entonces no andaba tan mal aún.

-Entonces que, vamos a cenar- dispuso el productor- ¿quieres acompañarnos?

Y yo, aunque me hubiera encantado convivir más con los actores y con mi entrevistado, agradecí la invitación con el último aliento de voz que me quedaba, (pues ya sentía que se me cerraba la garganta), y regresé a casa porque mi hija mayor tenía una salida, la cual, al llegar a casa, me enteré había cancelado de último momento.

-¿Pero cómo me hacés esto? Debiste avisar antes ¿¿viste?? – le regañé molesta y afónica en un acento argentinizado que duró por algunas horas.

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